Holocausto, Berlin. Silencio, vacío…

El silencio, el vacío, es la única forma posible para recordar y honrar a los muertos de esa guerra. En 2005 se inauguró en Berlín, cerca de Brandemburgo el memorial del Holocausto. La “pieza” creada por el arquitecto Peter Eisenman cerca de donde estuviera el Búnker de Hitler ocupa una superficie de 20, 000 metros cuadrados, sobre la cual se erigen cientos de paralelepipedos, algunos con una altura de centímetros y otros de casi cuatro metros. 

El memorial no tiene entrada ni salida principales ni inscripciones, los visitantes pueden caminar entre las estructuras, adentrandose en un mundo silencioso, angustiante, estéril y racional. 

La obra no es alegórica, apuesta por lo sensitivo, por la desnudez, por el silencio y el vacío, pues lo inconmensurable, ya sea bello o terrible, no puede contenerse en alegorías terrenas, ruidosas, antropomorfizadas, limitadas. 

No es un monumento al olvido, ni para el pueblo Judío, es un enorme recordatorio de cemento para la humanidad: de esto somos capaces, de esto somos capaces, de esto somos capaces.